En la sala de urgencias no hay minutos, hay neuronas. Cuando las puertas automáticas se abren y recibimos al paciente politraumatizado, o al adulto mayor con una pérdida súbita de fuerza y sensibilidad, la neuroanatomía deja de ser un enredo de láminas y tractos para convertirse en nuestra única brújula de supervivencia. En este escenario de alta presión no podemos permitirnos memorizar mecánicamente, ni tampoco solicitar imágenes diagnósticas “por barrido” a la espera de que la máquina nos dé la respuesta Aquí manda el diagnóstico clínico.
Es en el caos de la emergencia donde verdaderamente se hace valiosa la obra «Neuroanatomía esencial en la formación del profesional de salud». Los autores, logran capturar la esencia de lo que los emergenciólogos necesitamos que todo médico en formación dominemos, la capacidad de realizar una “disección funcional in vivo”
Para los que trabajamos entre la vida y la muerte, un déficit neurológico no es un acertijo, es un mapa iluminado de fallos. Este libro nos recuerda magistralmente que si un paciente ingresa con una herida de arma blanca y presenta parálisis motora en la pierna derecha, pero pérdida de la sensibilidad al dolor en la izquierda, no estamos adivinando, estamos frente a un síndrome de Brown-Séquard y sabemos exactamente a qué nivel buscar la lesión. Nos enseña que la Escala de Coma de Glasgow que dictamos a gritos en el área de choque es, en realidad, una evaluación anatómica directa de la integridad del sistema reticular del tronco encefálico.
Esta obra, mediante casos clínicos integradores, nos entrena para no dudar. Nos enseña que distinguir entre un shock espinal (una suspensión temporal de la electricidad) y un shock neurogénico (una catástrofe hemodinámica por pérdida del tono simpático) es la diferencia entre estabilizar al enfermo o perderlo. Grita como una “llave maestra” de guardia que una pupila dilatada tras traumatismo es una alerta mesencefálica inminente, y que un paciente con vértigo súbito, disfagia y dolor facial cruzado no tiene un simple mareo, sino un infarto en la arteria cerebelosa posteroinferior amenazando su tronco encefálico.
Autores: Lenin Byron Mendieta Toledo; Luis Gabriel Vásconez Moreno
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